Obi y su arbolito.

[Hace un año una de las ramas de nuestro árbol se rompió. Hoy publicamos esta carta que nos envió su madre en la que nos habla sobre Obi, Ayelén, ella misma, el amor y la vida]

Cuando decidí llevar a mi hijo Obi al Árbol de Ayelén, no pensé en que fuera un adulto creativo y con herramientas para enfrentarse a la vida. Instintivamente buscaba un lugar donde él estuviera tranquilo y fuera feliz mientras yo buscaba la manera de ganarme la vida. Recuerdo el primer día que fui a observar cómo discurría la vida en El Árbol de Ayelén. Me quede enamorada de aquel lugar, en la naturaleza con caballos corriendo libres alrededor, la montaña al lado y sobre todo del trato que les daban las acompañantes a lxs pequeñxs; sin voces, ni gritos, tan natural como el entorno mismo. En aquel lugar se respiraba paz y yo quería eso para mi hijo. Así que buscando esa paz Obi entró en Ayelén, pese a la negativa de mi familia de profesores de la escuela pública que no consideraban que este tipo de educación fuera una buena influencia para él.

Al principio le costó ir porque Obi nunca quería ni quiso separarse de mí, pero después ya fue fácil que pasara el día en el espacio con mi presencia allí en la adaptación y el amor de las acompañantes. Muchos recuerdos de esta época. Recuerdo hacer el recorrido por la granja de su tierna manita hasta llegar a la cabaña hablando de cualquier cosa mientras la brisa acariciaba nuestras caras, y ver pasar las estaciones en este recorrido, las heladas invernales no eran tan frías allí, la lluvia era tan bella que nos poníamos debajo a mojarnos, el calor del verano era divertido y olía a vacaciones.

Recuerdo todas esas fiestas y excursiones que hacían de la vida una fiesta continua, sin el aburrimiento de la rutina, con una tribu de amigxs para jugar, con unas mamás y papás entrañables y divertidos para intercambiar un montón de risas y lágrimas también si surgían. Recuerdo esas reuniones de autogestión a veces tensas también de horas y horas, mientras nosotrxs divagábamos mentalmente y nos acalorábamos en discusiones, se les veías a ellxs a lxs peques jugar alrededor siendo niñxs de verdad, jugando y riendo, ensuciándose y disfrutando de la vida. Pienso que Obi fue muy feliz en su arbolito.

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No sé cuánto tiempo estuvimos soy muy mala para hacer cuentas pero luego Obi lamentablemente un noviembre después de un Halloween fue diagnosticado de un cáncer raro. Tuvimos que salir de este entorno y aislarnos por los tratamientos de quimioterapia, el hospital fue su nuevo hogar. Fue duro cambiar de un espacio no directivo al ambiente hospitalario, donde todo el mundo habla a voces, donde el voluntariado irrumpe en tu habitación y sin preguntarte cómo estás te dicen ¡venga vamos a jugar! a gritos. Donde hay una aula escolar donde intentan por todos los medios que vallas aunque te acaben de operar de un tumor cerebral, y que no pierdas el curso aunque tu futuro sea incierto totalmente.

Obi nunca se encontró bien en este ambiente, quizás por el bagaje que poseía, nunca se adaptó, salvo con determinadas personas y prefería quedarse en su habitación con sus juegos, y su mami, y yo claro se lo respetaba totalmente. Él siempre fue ejemplar en su enfrentamiento al monstruo que llevaba dentro. En el hospital sólo decían que era un niño super bueno; pero en ese genérico estaba: que llevó su enfermedad con una madurez increíble, una valentía, un saber estar, y una sonrisa siempre. Aunque no pudiera caminar siempre buscaba lo positivo y seguía jugando como podía y con lo que podía. Obi sin ser un adulto se enfrentó a una batalla durísima como un héroe, ¿se puede educar a un niño para enfrentar la prueba más dura de la vida, su propia muerte? Yo pienso que si.

Mi prima me dijo un día, tienes que estar orgullosa de la educación que has dado a tu hijo, porque es un niño maravilloso. Nadie nunca me había dicho esto porque a veces parece que cuando nuestros hijos y hijas hacen cosas de las que nos sentimos orgullosas es porque son así sobre todo en opinión de los demás. Creo que hay una parte que es de ellxs pero también hay una educación y en la educación de OBi estoy yo como madre y su familia pero en gran parte también está El árbol de Ayelén. En este caso, el trabajo de Marta y Elena sus guías de camino, lo que nos han enseñado y el amor con el que nos han tratado, el trabajo de las otras madres y padres que luchan con honestidad para que el proyecto salga adelante y corregir los errores para que estos niños tengan a todos los niveles lo que necesitan. Y sus compañerxs porque no decirlo, sus amigxs, grandes personas.

Obi estaba educado para afrontar cualquier cosa en la vida y demostró que estaba preparado incluso para lo peor. Yo estoy orgullosa de él, de mí, de su familia, de sus amigxs y de su Árbol de Ayelén. Obi no tubo futuro, pero tuvo un presente maravilloso, gracias a este tipo de espacio tuve el privilegio de estar día a día con mi hijo ver cómo se integraba, observar sus primeros juegos en sociedad, como solucionaba sus conflictos, como aprendía, sus dudas, sus intereses, su frustración, su alegría, ver ese ser increíble crecer día a día, compartir mucho tiempo con él, sin prisas, respirar todo ese amor, que ahora es lo único que me queda, pues Obi falleció por su enfermedad después de dos años de lucha.

Él ya no está en esta dimensión, pero a mí me quedan todos esos recuerdos. Tomé la mejor decisión posible de llevarle a Ayelén y mi familia que estaba en contra ahora se ratifican en que hice lo mejor porque no teníamos tiempo y el que teníamos lo aprovechamos a tope. Mi gran reflexión es que no sabemos qué va a pasar en el futuro, pero lo importante es vivir el presente con nuestrxs hijxs y disfrutar de ellxs, y que ellxs vivan felices en el día a día en un ambiente respetuoso donde el amor sea lo más importante. Porque todo va a pasar y el presente es lo único que tenemos, eso es lo que hay que aprender, entonces vivamos el presente con la máxima atención y consciencia. Y esto en lo que a educación se refiere solo es posible en espacios de educación viva como el Árbol de Ayelén. Muchas gracias a todos los que integráis y habéis integrado el proyecto, el amor por Obi es lo que me unió a vosotros y es algo que siempre tendremos, porque he aprendido muchísimas cosas de él, pero lo más fundamental es que dar y recibir amor es lo mas importante en la vida.

Eternamente agradecida.

Ana, mamá de Obi.

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