Vuelve la Asamblea de Ayelén y con ella los tuppers llenos de tierra

Este pasado sábado tuvo lugar nuestra primera asamblea del año, el pistoletazo de salida de una carrera que va a durar 365 días, donde no se competirá contra nadie, todos somos uno en búsqueda de una sociedad más cooperativa; donde no se tratará de ser el mejor, sino de hacernos mejor a nosotros mismos, a nuestro espacio, para nuestros hijos e hijas. La meta, hacer un poco mejor la pequeña porción de mundo donde vivimos, seguir creando, mejorando el espacio donde nuestros/as peques sean ellos/as mismos/as, personas libres y solidarias, transmisoras de que es posible otra forma.



El reencuentro de los mayores es cariñoso y lleno de ideas para abonar nuestro querido árbol, el de los peques es la vuelta a su segundo hogar y con sus segundos hermanos, como si casi dos meses sólo supusieran un día, y eso que para ellos el tiempo pasa mucho más lento. Para las familias nuevas los brazos abiertos de grandes y pequeños. Para las familias que se fueron, el recuerdo triste por que ya no están y feliz por todo lo que recibimos de ellas.




En el horizonte se vislumbra trabajo, cambio y felicidad y de eso se habla en la asamblea, con una participación libre, sincera y amable en la que se reparten las tareas del día a día, pero también las de futuro, se comparten las ideas que harán de nuestro proyecto un lugar mejor, más libre y a la vez más real, con cabida para más iniciativas y familias, para llegar más lejos y a más personas.

La implicación de todas las familias será fundamental, como todos los años, pero no sé por qué en este año será más importante, decisiva; se respira aires de cambio…


Se da por finalizada la asamblea, ¡este año nos va a dar tiempo a comer en casa!… Recogemos las sillas, las mesas y nuestros bártulos, nos vamos despidiendo con besos, muchos besos, grandes y pequeños.


– Eh, qué se te olvidan los tuppers, tolilo, me dice mi hijo…
– Es verdad, qué cabeza la mía.

Recojo los tuppers, llenos de tierra como siempre, la tierra de Ayelén. De camino a casa pienso que esta vez no la voy a tirar, mejor la utilizo para meterla en una maceta y esperar, quién sabe que brotará…, con Ayelén nunca se sabe.


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