Limpiando el juego


El Árbol de Ayelén nunca deja de regalarnos aprendizaje. Echo la vista atrás y me doy cuenta de lo bonito del camino recorrido, de cuánto hemos aprendido y cuánto hemos desaprendido.
La implicación continua en la estructura y funcionamiento de este pequeño mundo nos lleva inevitablemente a un maravilloso aprendizaje como padres y madres, como familias, y como colectivo. La diversidad hace que tod@s estemos inmersos en un proceso de desarrollo personal y de cambio, tanto niñ@s como adult@s.


El ejemplo más reciente es la propuesta surgida tras una reunión pedagógica preparada por las acompañantes. La inquietud y el amor por dotar a los niños y niñas del mejor ambiente posible para su desarrollo personal por parte de las acompañantes, puso encima de la mesa cómo los medios audiovisuales influyen en el juego de nuestr@s hij@s. Bien es sabido que los primeros 5 o 6 años de vida son los más importantes en el desarrollo de la personalidad del niñ@, cuando más conexiones se crean en el cerebro y cuando se establecen las “verdades” sobre las que construir el pensamiento. Por ello resulta tan importante cuidar los detalles, los estímulos y el ambiente que les rodea. En este sentido las acompañantes expusieron cómo la televisión y otros medios audiovisuales ejercen una gran influencia en el juego de l@s peques. Algunos estudiosos del tema, como Jerry Mander (“Cuatro buenas razones para eliminar la televisión”), recomiendan que una criatura de menos de 5 años no debería consumir televisión y similares. Una de las razones de mayor peso es el periodo tan importante de desarrollo en el que se encuentran, donde el interés por descubrir, la creatividad, y la curiosidad están en pleno crecimiento. La televisión, sobre todo por sus contenidos, transforma a los niñ@s en sujetos pasivos, dependientes, y llenando la mayoría de su juego de aquello que buscan reproducir.

Esto dificulta claramente que el juego nazca de las necesidades y deseos reales de los niñ@s.
Pues bien, tras escuchar de boca de las acompañantes cómo a diario los contenidos audiovisuales monopolizaban el tema de juego en algún@s niñ@s, surgió una propuesta de una madre al respecto. Ésta consistía en un compromiso de todas las familias para eliminar esta influencia durante 15 días y observar si el juego variaba.

Lo cierto es que nosotros siempre habíamos tenido en cuenta este tema y habíamos racionalizado el uso de la televisión y mas aún los contenidos, disminuyendo lo máximo posible su uso. Pero esto suponía una eliminación total.

La puesta en marcha del plan no es fácil, pero una vez en curso se pueden observar los primeros cambios. Al final de la primera semana ya baja el interés y la dependencia. Tras dos semanas te das cuenta de que 15 días es solo el inicio de una necesidad que tienes que prolongar. Ya comienzas a ver como busca crear, imaginar sus propios personajes como “aventureros”, “especialistas de laberintos”, “padres y madres”,”profesoras”, etc…

Un aspecto llamativo que antes no se daba es que ella tiene ratos en los que está sentada o tumbada en la habitación “en calma”, y pensamos que algo estará “tramando” dentro de su cabeza.
Ya han pasado 4 semanas y no hay señales apenas de referencias televisivas en su juego. Todo parece fluir sin esfuerzo, sin sensación de sacrificio y con una normalidad tranquilizadora. En ocasiones nos pregunta cuándo podremos ver una peli o ir al cine, y  se instaura un diálogo de pacto y de búsqueda de opciones, porque tenemos claro también que con la edad adecuada existen contenidos que pueden aportar cosas interesantes a los niñ@s.

En algo mas de un mes nuestra hija cumplirá 6 años. Nosotros siempre hemos tenido afición por el cine y por cómo éste es capaz de hacerte viajar y vivir historias, conectar con un sinfín de sentimientos, hacerte reír, llorar… incluso reflejar valores importantes. Recuerdo varias películas que me marcaron de pequeño, e incluso hemos visto algunas recientes que merecen mucho la pena de cara a nuestros hij@s.

Nuestro deseo es lograr un equilibrio en el que no exista dependencia y necesidad por ver “los dibujos”, y al mismo tiempo poder disfrutar de una película en familia viviendo trepidantes aventuras y conociendo personajes fascinantes. Siempre hemos creído que más importante que cuánto ves, es qué es lo que ves.

Héctor, padre de una niña del Árbol de Ayelén

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